Ted Wiliams el vagabundo de la voz de oro. No hay voces feas: hay voces mal utilizadas.

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En éstas andábamos cuando conocimos la historia de Ted Wiliams. Locutor de radio, vagabundo y ahora de nuevo locutor y tal vez estrella mediática mundial. Un periodista del Columbus Dispatch  grabó a quel indigente con su teléfono móvil y lo subió a Internet.

He consultado con expertas en esta materia para ponerle algo de ciencia a la imponente voz de Wiliams. ¿Por qué suena tan espectacular? Eva y Mar García Menéndez son logopedas y colaboradoras de la  Escuela de presentadores Jesús Hermida,  de TRACOR,  institución especializada en el sector audiovisual.  Eva Mar dicen que estamos ante “una voz cálida, resonante, intensa y con presencia. Transmite seguridad, personalidad y convicción, cualidades muy apreciadas por todos y especialmente adecuada para los medios de comunicación, la publicidad o el doblaje de películas.”

Marta Pinillos  es otra autoridad en la materia. Marta es logofoniatra y alude a condicionantes fisiológicos cuando asegura que “Wiliams es negro y por ello su musculatura es más potente. La forma en la que tiene la boca le ayuda a que la voz salga con más resonancia, pues le alarga el paladar blando”  Wiliams es un fenómeno universal, el protagonista de una suerte de cuento de hadas con un giro argumental digno de Hollywood. Según Marta Pinillos  “su voz es muy timbrada y a la hora de locutar sabe modular, y sobre todo, va consonanteando  (perdón por el palabro de la jerga logofoniátrica y radiofónica) y con ello le da más brillo y resonancia a la voz. No fuerza nada y el truco parece que estuviera en su su caja de resonancia y en aprovechar sus resonadores…”

https://www.youtube.com/watch?v=TOH-TBxC8DU

Ya ven que Ted Wiliams  es ahora una celebridad que visita platós y estudios en calidad de invitado. Pero su voz habría sido todavía mejor y habría sufrido menor desgaste si no hubiese tenido problemas con el alcohol… y si  además no fumase. La bebida y el tabaco son nocivos para el cuidado de esa herramienta profesional que es nuestra voz.

Han leído bien. He escrito que la voz es una herramienta profesional… y no hablo de Wiliams o de mi caso como profesor, presentador de televisión, formador  yconsultor… ¡Yo sí que me paso el día hablando!  Me refiero a cualquiera que trabaje en la mayoría de ocupaciones modernas del sector servicios. ¿Se han parado a contar cuánto de su jornada laboral típica dedican a hablar?  Reuniones, presentaciones, entrevistas, ponencias, llamadas de teléfono, encuentros…  ¿A qué fácilmente le sale más de un cincuenta por ciento?

La inmensa mayoría no tiene que ser Ted Wiliams. No serán locutores profesionales, cantantes o declamadores profesionales. Tampoco actores de doblaje. Tenemos la voz que tenemos, pero desconocemos su potencial y solemos olvidar que en nuestra mano está el dominio de buena parte de su calidad. No hablar en público en entornos profesionales arguyendo aquello de “no hablo porque mi voz es muy fea” es una simple excusa de mal pagador.

Ted Wiliams está aprovechando en esta segunda oportunidad que le da la vida todas las ventajas que le otorgó la naturaleza. También su conocimiento profesional del asunto. A nosotros, con unas aspiraciones mucho menos estratosféricas, nos toca acometer todo lo que podemos hacer con nuestra voz para que de verdad sea una herramienta útil a mayor gloria de nuestra actividad profesional. Y les aseguro que hay mucho y bueno por hacer.

Artículo brindado por Javier Reyero https://www.youtube.com/watch?v=TOH-TBxC8DU

 

Hablemos de Hablar…

captura-de-pantalla-2016-11-02-a-las-12-37-05-p-mNos pasamos la vida hablando y nos formamos muy poco para ese desempeño laboral indispensable. Presentaciones, reuniones o juntas, entrevistas personales, actividades comerciales, vídeo conferencias… Hablar y hablar más. Constantemente hablar sin que tengamos la certeza de hacerlo bien, de alcanzar unos mínimos objetivos de solvencia, credibilidad e interés.

En los cursos que imparto siempre suelo preguntar a los directivos que asisten “¿cuánto de su jornada laboral dedica a hablar?” El resultado suele rondar el 70 % como media de una formación estándar. Luego les planteo la desproporción entre lo que se han formado para ese 70% en comparación con el otro 30%. Han hecho cursos de dirección estratégica, de formación técnica en sus campos de actividad, saben mucho de liderazgo o de dirección financiera… Pero desconocen los rudimentos básicos de la elocuencia.

¿Se puede hacer una gran carrera profesional sin dominar la oratoria? Lo dudo mucho. La estadística dice que tendrá que hablar y que hablará mucho tiempo y muchas veces. Póngase manos a la obra en cuanto pueda. Conviva con el miedo, sea directo, controle su voz y su lenguaje no verbal, construya diapositivas visualmente atractivas o domine la estructura del discurso. Es por su propio bien; es una inversión en su futuro.

En septiembre tiene la primera oportunidad de empezar a “Hablar para convencer”

¡Nos vemos!

Lecciones en el barco de los sueños – Javier Reyero

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¿Te imaginas que casi 104 años después de su hundimiento, el Titanic todavía tuviese algo que enseñarnos? Pues ese es el punto de partida de mi intervención en Talentumfest 2016: Lecciones sobre dirección de personas que nos dejó el Titanic.

Si te vienes a escucharme, disfrutarás con la historia irrepetible de un barco diseñado para desafiar al destino y que tuvo el final más aterrador de la historia de la navegación. Como coautor de Los diez del Titanic, un libro que glosa la peripecia de los españoles que se encontraban a bordo, he tenido la oportunidad de investigar y documentar las historias apasionantes de varios tripulantes, pasajeros y otros personajes.

Y he descubierto que su comportamiento tiene mucho que ver con el liderazgo, la resiliencia, el compromiso llevado hasta el último aliento, la dirección de equipos en situaciones extremas o la falta absoluta de liderazgo y capacidad de gestionar.

Contaré sus casos y nos preguntaremos en Talentumfest 2016 cuánto de aquello que se vivió en el naufragio de 1912 tenemos, para bien y para mal, en nuestros entornos profesionales de hoy. Qué ocurre cuando alguien descubre que su jefe no es el líder admirado por todos. Qué se nos pasa por la cabeza ante esa capacidad de comprometerse, que va mucho más allá de las obligaciones profesionales, que tienen algunos compañeros muy singulares. Nos peguntaremos si la resiliencia, la capacidad para resistir y aprender ante la adversidad, es innata o se adapta a modelos de aprendizaje.

No te lo puedes perder. No es solo una charla. Es un momento único para crear un ambiente embriagado por el glamur del Titanic, su historia y su leyenda. Y si quieres conocerme algo más… aquí me tienes: http://www.reyero.eu/

Un paseo por las nubes – Javier Reyero

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Y ahora una pizca de tecnología aplicada. Movilidad, conectividad, profecías que nunca se cumplirán sobre el futuro digital que nos espera y todo ese mundo de cacharros que entendemos a medias. La cosa es sencilla. Como he oído decir hace poco: “no vivimos una época de cambios.  Estamos viviendo un cambio de época”  Y eso mismo ocurre cuando hablamos de  la nube o por qué no, de las nubes.

Hasta ahora nuestra relación con los ordenadores es de pura dependencia del soporte físico o hardware. Estamos anclados a un ordenador de mesa, ordenador portátil, tableta o teléfono de última generación y máxima inteligencia (smartphone que los llaman) Esos equipos contienen nuestras fotos, nuestros archivos, la agenda que no queremos perder y además los programas infalibles para ver vídeos o hacer presupuestos.  Y sobre todo el  sistema operativo   que hace funcionar el corazón informático de cada máquina.

Somos cautelosos y conservadores. Nos aterra que se pueda perder la información o que se bloqueen los equipos por falta de programas que ejecuten los archivos. Pero…  ¿Y si estuviéramos en los albores de una nueva era?  ¿Y si la época que está por llegar es de verdad la de la nube informática que todo lo contiene y donde nada incrementa el peso y la necesidad de memoria de nuestros ordenadores…?

Se rumorea que la nueva batalla de  Google   (esa gente que empezó con un buscador para Internet y  ahora tiene un fondo fotográfico enorme, un sistema operativo para teléfonos móviles, un gestor de correo propio, un sistema para ver tu casa desde un satélite, etc.) ha puesto su punto de mira en Microsoft  y su sistema operativo Windows,  paradigma de la rentabilidad durante los últimos 30 años.  Google Chrome OS    es un sistema operativo (no confundir con el navegador  Google Chrome  de nombre similar) que aspira a estar alojado ¡en la nube!  De esa forma los equipos se volverían tan ligeros como la primera bailarina del  Bolshoi.

“Ya. Pero no me fío. ¿Y si no tengo conexión?  No sólo no puedo recuperar mis archivos sino que además no puedo ni arrancar el ordenador al no tener programas residentes.” Estas frases resumen el sentir general. Nos preocupa la conexión. O por mejor decir:  su ausencia.

Voy a profetizar. Es gratis y no tendré que responder a nadie si no se cumple (anda que no hubo gente diciendo que  Second Life  iba a ser la revolución y está medio grogui sin que se exijan responsabilidades a aquellos profetas) Yo creo que las compañías de telecomunicaciones nos cobrarán  -tal vez ya nos cobran- por la conexión permanente. Esa será nuestra principal exigencia y la madre de todo el asunto del  cloud computing en el futuro. Conexión en todo momento y lugar  como base del recibo  (igual que antaño lo fue la voz) y  con coste extra para aplicaciones espectaculares sin las que es imposible vivir.

Pero la solidez de la conexión ya es parte del presente. Cierto es que en algunos países más que en otros. Igual que la velocidad o el ancho de banda disponibles.  Las redes sociales han jugado un papel determinante en el terremoto-maremoto + tsunami  de Japón. No funcionaban los teléfonos, pero estaban activos TwitterFacebook.  ¿Si no se cayeron con un cataclismo se vendrán abajo en nuestro entorno para dejarnos sin poder enviar un correo, ver una presentación en power point o verificar un presupuesto en Excel…?

“No me fío del  streaming.  Yo prefiero guardar la película o la canción en mi ordenador por si desaparece o se me cuelga todo.” Otro presagio que tiene poco que ver con los comportamientos que aplicará en breve el  homo computer conectiens.”

No todas las comparaciones son odiosas. Aquí va una. Vemos la televisión sin preocuparnos de perder la conexión. Nadie graba un informativo “por si acaso”  Vamos oyendo la radio en el coche sin el estrés de pensar que la emisora va a dejar de emitir o que la antena del coche vaya a perder la cobertura.  Yo profetizo que en el entorno presente-futuro de la nube o las nubes, nuestra única preocupación será mantener la conectividad en estado óptimo.